Salvaje retorno (ecología):
Con mis instintos; despiertos y herejes, voy a llevarte mi canto en un timbre. Es un aullido que mi corazón te eleva; para cubrir, con un tono, la herida que un alma conciente repta.
Y en mi hombro visceral, fuerza primitiva; y en mi hombro nacido, madrigal reintegro.
Mi ombligo, tragado y arrancado de mi vientre, bendecirá su libertad embrionaria.
Y un espíritu abatido, reposando se encuentra en el fondo de su ser vernáculo.
Wednesday, November 3, 2010
Saturday, September 11, 2010
Cierra los ojos, vida.
Cierra los ojos, pequeña, y calla.
Cuando no encuentres salida a tus conflictos, si los tienes, y tus hombros pesen más que esa montaña que ves tan ostentosa. Cuando sientas seca tus entrañas y deshidratada tu alma, que crece en silencio, y los valles sean valles y las nubes sean nubes y ya no veas más allá de lo que puedes. Deja entrar la vida en ti.
No hay nada que no sepan las montañas, susurrándote al oído. No hay calidez que acaricie con tanta suavidad (ni belleza tan pura y trasparente). No tengo legado para arar ni más voz que haga eco. No alcanzan los brazos cuando el tiempo se escapa entre los dedos. Pero ella permanece y se alzará con humildad de tierra, de roca, de aire, de fuego. Y ojalá, mi vida, ojalá que nunca necesites preguntarle a las montañas (con esa espina Borgiana del pecado más duro) por qué no has podido ser feliz. Pero, si te besa en la cien la cintura de la vida, sube hasta la cima y siente la brisa, y mira hacia abajo… hacia delante; y podrás percibir en la pequeñez que nos ubica su alma, que gritamos y ella besa con su sabia madurez.
(escuchando "Ask the mountains" Vangelis).
Cuando no encuentres salida a tus conflictos, si los tienes, y tus hombros pesen más que esa montaña que ves tan ostentosa. Cuando sientas seca tus entrañas y deshidratada tu alma, que crece en silencio, y los valles sean valles y las nubes sean nubes y ya no veas más allá de lo que puedes. Deja entrar la vida en ti.
No hay nada que no sepan las montañas, susurrándote al oído. No hay calidez que acaricie con tanta suavidad (ni belleza tan pura y trasparente). No tengo legado para arar ni más voz que haga eco. No alcanzan los brazos cuando el tiempo se escapa entre los dedos. Pero ella permanece y se alzará con humildad de tierra, de roca, de aire, de fuego. Y ojalá, mi vida, ojalá que nunca necesites preguntarle a las montañas (con esa espina Borgiana del pecado más duro) por qué no has podido ser feliz. Pero, si te besa en la cien la cintura de la vida, sube hasta la cima y siente la brisa, y mira hacia abajo… hacia delante; y podrás percibir en la pequeñez que nos ubica su alma, que gritamos y ella besa con su sabia madurez.
(escuchando "Ask the mountains" Vangelis).
Friday, July 2, 2010
Plegaria de un espíritu aturdido
He escuchado, en esos ojos, el murmullo de un espíritu cansado de dolor,
indiferencia y hambre.
Quieto, espíritu, quédate suspendido en el abrigo de lo nulo y pierde el sueño, que el sopor se hace tu soga (bucea en tu sueño hasta hacerlo pulmón y vientre) y despliega las alas hasta tocar la inmensidad ajada.
Sostén el tiempo entre las manos y eleva los ojos hasta dejar sin aire cada rincón del alma hecha cera bajo la luz de una certeza entre tus dedos.
Que hay orillas de soledad e incomprensión buscando ser remontadas por la flora de la tierra que ahí respira (centro de piedras y minerales ofrendado en el altar de un par de labios)
Nada cubre el cuerpo cuando la verdad habla (y las sirenas callan para escuchar el susurro de una flor abriéndose al amanecer).
Un rayo fulminante atraviesa el cielo y grita en el claustro despedido al espacio
infinito de tus ojos.
En un instante, la selva se vuelve el refugio de dos aves vulneradas por las lágrimas enjugadas y atadas a un par de cometas sin dirección en el profundo universo de sus luces azules girando al ritmo de un espiral de angustias superadas.
Habrán batallas y tormentas, y un corcel alado enfrentado a su imagen; tal vez llegará a invadir esa desolada isla. Pero, quedan otros brazos para obrar, otro impuso para salir, otra razón para sentir.
(Porque aunque haya cosas que al espíritu le hagan perder el sueño, aún el corazón tiene capacidad de apreciar la belleza que nos es obsequiada)
(Escuchando "Still my heart" de Vangelis)
indiferencia y hambre.
Quieto, espíritu, quédate suspendido en el abrigo de lo nulo y pierde el sueño, que el sopor se hace tu soga (bucea en tu sueño hasta hacerlo pulmón y vientre) y despliega las alas hasta tocar la inmensidad ajada.
Sostén el tiempo entre las manos y eleva los ojos hasta dejar sin aire cada rincón del alma hecha cera bajo la luz de una certeza entre tus dedos.
Que hay orillas de soledad e incomprensión buscando ser remontadas por la flora de la tierra que ahí respira (centro de piedras y minerales ofrendado en el altar de un par de labios)
Nada cubre el cuerpo cuando la verdad habla (y las sirenas callan para escuchar el susurro de una flor abriéndose al amanecer).
Un rayo fulminante atraviesa el cielo y grita en el claustro despedido al espacio
infinito de tus ojos.
En un instante, la selva se vuelve el refugio de dos aves vulneradas por las lágrimas enjugadas y atadas a un par de cometas sin dirección en el profundo universo de sus luces azules girando al ritmo de un espiral de angustias superadas.
Habrán batallas y tormentas, y un corcel alado enfrentado a su imagen; tal vez llegará a invadir esa desolada isla. Pero, quedan otros brazos para obrar, otro impuso para salir, otra razón para sentir.
(Porque aunque haya cosas que al espíritu le hagan perder el sueño, aún el corazón tiene capacidad de apreciar la belleza que nos es obsequiada)
(Escuchando "Still my heart" de Vangelis)
Cuando dos seres se encuentran
Cuando dos seres se encuentran
Las ramas se despojan de hojas secas en la alberca del pasado
y no hay puertas en el alma que moderen sensaciones brotando como raices
de las yemas de las venas (de las luces de la piel).
Y el esqueleto de sus troncos vacíos de verdes se mecen al aliento de gemidos que ahondan en cavernas de letras no escritas en papiros de estrellas de tres puntas.
Cuando el invierno del que sufre hiela la sangre y el otoño del desgano frena el impulso, la luna baila con su mejor estrella entre el destiempo y las rutinas.
Porque hay luciérnagas despiertas en tu boca de cielo;
porque hay un sistema solar de cosquillas en la arena entre tu pecho y el mío
y, desnuda ante vos, me descubres entera
(más allá de la piel; más allá de la vida; más acá de mi ser).
Las ramas se despojan de hojas secas en la alberca del pasado
y no hay puertas en el alma que moderen sensaciones brotando como raices
de las yemas de las venas (de las luces de la piel).
Y el esqueleto de sus troncos vacíos de verdes se mecen al aliento de gemidos que ahondan en cavernas de letras no escritas en papiros de estrellas de tres puntas.
Cuando el invierno del que sufre hiela la sangre y el otoño del desgano frena el impulso, la luna baila con su mejor estrella entre el destiempo y las rutinas.
Porque hay luciérnagas despiertas en tu boca de cielo;
porque hay un sistema solar de cosquillas en la arena entre tu pecho y el mío
y, desnuda ante vos, me descubres entera
(más allá de la piel; más allá de la vida; más acá de mi ser).
Sunday, May 16, 2010
Suspiros crepusculares
La sombra de su tronco se inclinaba generosamente sobre el sol de su incendiada existencia y cuando el frío de la realidad era tan tangible como la tristeza en los ojos de la gente, se inventaba un diálogo entre ramitas desnudas y piedras transparentes. Porque escuchaba su motor que alguien más sacrificaba un mínimo de su tiempo, de su sudor, de su descanso y sonrisa. Se vendaba en tolerancia los hombros y cargaba una vasija vacía de rencores.
Con el alma astillada, un gorrión se acurrucaba junto al águila de alas quebradas y mirada aguda. Sus picos se abrían ante la misma necesidad de alimento. Un pico afilado, y más allá, los colmillos gastados del felino cansado de roer sus propias cuerdas; y un cazador de sueños trazado con los dedos en la espalda.
En el muelle de sus párpados, descansa la mirada el caminante acariciado por la ternura que cavila entre sus rumbos. Y la silueta lejana de un horizonte infinitamente incierto aventura un tímida sonrisa mientras trina un ave el silbido de un ahora.
Con el alma astillada, un gorrión se acurrucaba junto al águila de alas quebradas y mirada aguda. Sus picos se abrían ante la misma necesidad de alimento. Un pico afilado, y más allá, los colmillos gastados del felino cansado de roer sus propias cuerdas; y un cazador de sueños trazado con los dedos en la espalda.
En el muelle de sus párpados, descansa la mirada el caminante acariciado por la ternura que cavila entre sus rumbos. Y la silueta lejana de un horizonte infinitamente incierto aventura un tímida sonrisa mientras trina un ave el silbido de un ahora.
En pleno estado contemplativo
En pleno estado contemplativo
En pleno estado contemplativo, la naturaleza habla (a veces, devuelve como ecos los suspiros y las lágrimas de los corazones que se acercan a la orilla. Otras, acaricia los deseos despertados y se cuela entre los dedos cuando queman como lava. He llorado adioses y sonreído ante la belleza de las aguas. He abierto los ojos con asombro ante el infinito del horizonte y aceptado muchas cosas al abrigo de las olas. (Y esto es personal y autorreferente). Pero en la piel se siente lo que habla y es universal (afortunadamente). No sé si mi piel escucha bien (está un poco sorda a veces) pero creo que esta vez me dijo algo así: Fehacientemente, sólo me cubre la caricia del arrullo de un silencio: el de los labios que se guardan celosamente la palabra más linda (pero más ligeramente dicha). Y muchas mareas nos han llevado a otros lados (pero nos han traído de vuelta a la misma orilla). Y muchas corrientes nos han acunado hasta dejarnos dormidos en un limbo de nada hermosa y agreste. Es un estado que me conduce a deshacerme en pequeñas partículas diseminadas en la inmensidad de un todo que descentra y ahí es dónde la plenitud baña cada rincón con su esencia universal e infinita. Porque la gloria de la no referencia personal redime de dolores, culpas y mochilas. Porque no hay que preguntarse nada cuando de uno no se trata y aterrizando el eje en otras ruedas, se inunda el no ser de ingravidez.
(escuchando "Fields of corals" de Vangelis)
En pleno estado contemplativo, la naturaleza habla (a veces, devuelve como ecos los suspiros y las lágrimas de los corazones que se acercan a la orilla. Otras, acaricia los deseos despertados y se cuela entre los dedos cuando queman como lava. He llorado adioses y sonreído ante la belleza de las aguas. He abierto los ojos con asombro ante el infinito del horizonte y aceptado muchas cosas al abrigo de las olas. (Y esto es personal y autorreferente). Pero en la piel se siente lo que habla y es universal (afortunadamente). No sé si mi piel escucha bien (está un poco sorda a veces) pero creo que esta vez me dijo algo así: Fehacientemente, sólo me cubre la caricia del arrullo de un silencio: el de los labios que se guardan celosamente la palabra más linda (pero más ligeramente dicha). Y muchas mareas nos han llevado a otros lados (pero nos han traído de vuelta a la misma orilla). Y muchas corrientes nos han acunado hasta dejarnos dormidos en un limbo de nada hermosa y agreste. Es un estado que me conduce a deshacerme en pequeñas partículas diseminadas en la inmensidad de un todo que descentra y ahí es dónde la plenitud baña cada rincón con su esencia universal e infinita. Porque la gloria de la no referencia personal redime de dolores, culpas y mochilas. Porque no hay que preguntarse nada cuando de uno no se trata y aterrizando el eje en otras ruedas, se inunda el no ser de ingravidez.
(escuchando "Fields of corals" de Vangelis)
Friday, January 29, 2010
Somos así de vulnerables
(Escuchando "Alpha" de Vangelis)
Sh… sh… sh…
Habla lo que espera nacer después de un derrumbe, de una historia comida por la fatal ignorancia de encontrarse respirando sin saber, pulsando sangre blanca congelada por la indiferencia de los sentidos adiestrados. Y su alma azul se eleva ante lo evidente. Mercenarias de un mínimo contacto, de un signo de vida, las lunas artificiales acechan esquinas circulares. Y el silencio se adueña de su todo; pero siguen edecanes del hacer. A lo lejos, los jinetes mudos anticipan sus eternos viajes y caídas. Las pupilas son esponjas del dolor que no se escurre. Y entre escombros se escucha apenas el murmullo de un carpintero sin plumas ni colores. Despistado intenta quebrar lo inquebrantable. Y lo escuchan algunos y lo sienten otros. Y su llanto se torna insostenible (humanidad solidificada y tallada a su antojo…) ¡No! y un ¡no! más insertado en la ladera del olvido. Sentada a la orilla de un augusto pensamiento se balancea la duda… y la fe. Y la oscura sensación de vacuidad presente ante lo inesperado. Frágil, dependiente y delicada, una nueva era se gesta entre nosotros en su estado vulnerable. La anidamos...y, sólo entonces, a ese mínimo sentimiento que nos descubre, lo dejamos crecer.
Sh… sh… sh…
Habla lo que espera nacer después de un derrumbe, de una historia comida por la fatal ignorancia de encontrarse respirando sin saber, pulsando sangre blanca congelada por la indiferencia de los sentidos adiestrados. Y su alma azul se eleva ante lo evidente. Mercenarias de un mínimo contacto, de un signo de vida, las lunas artificiales acechan esquinas circulares. Y el silencio se adueña de su todo; pero siguen edecanes del hacer. A lo lejos, los jinetes mudos anticipan sus eternos viajes y caídas. Las pupilas son esponjas del dolor que no se escurre. Y entre escombros se escucha apenas el murmullo de un carpintero sin plumas ni colores. Despistado intenta quebrar lo inquebrantable. Y lo escuchan algunos y lo sienten otros. Y su llanto se torna insostenible (humanidad solidificada y tallada a su antojo…) ¡No! y un ¡no! más insertado en la ladera del olvido. Sentada a la orilla de un augusto pensamiento se balancea la duda… y la fe. Y la oscura sensación de vacuidad presente ante lo inesperado. Frágil, dependiente y delicada, una nueva era se gesta entre nosotros en su estado vulnerable. La anidamos...y, sólo entonces, a ese mínimo sentimiento que nos descubre, lo dejamos crecer.
Vidorria
(Escuchando "Preludio" de Vangelis)
Divisar, entre la niebla, la belleza que se infiltra y el azul en la colina de un anochecer inerte. Habitar sin hacer ruido en la soledad del Hombre; con sus mochilas clavadas y sus sueÑos ambulantes. Peregrinando pausada, la errabunda esencia y un suspiro estacionado al costado de las tardes. Una luz en las pupilas de los minutos vencidos descubriendo como mana la energía entre las cepas. Y abrazar el sol entre los labios para hundirse bajo el cálido carácter de la vida. Percibirla bajo el velo salpicada de ternura, entre macizo y agrura, entre dulzura y verdores, descansando calma y alta entre crujidos de ramas y zumbidos de céfiros; o entregándose serena y ferozmente entre vasijas y cielos, entre cardinales rebotes…para consumirse con sabiduría cauterizando el alma; para arderse delirante en fogosidad salvaje.
Divisar, entre la niebla, la belleza que se infiltra y el azul en la colina de un anochecer inerte. Habitar sin hacer ruido en la soledad del Hombre; con sus mochilas clavadas y sus sueÑos ambulantes. Peregrinando pausada, la errabunda esencia y un suspiro estacionado al costado de las tardes. Una luz en las pupilas de los minutos vencidos descubriendo como mana la energía entre las cepas. Y abrazar el sol entre los labios para hundirse bajo el cálido carácter de la vida. Percibirla bajo el velo salpicada de ternura, entre macizo y agrura, entre dulzura y verdores, descansando calma y alta entre crujidos de ramas y zumbidos de céfiros; o entregándose serena y ferozmente entre vasijas y cielos, entre cardinales rebotes…para consumirse con sabiduría cauterizando el alma; para arderse delirante en fogosidad salvaje.
Hacinado, tu gesto
Hacinado, entre la línea de lo urgente y lo pasado. Tu gesto se hace gotera que transita, con sumo celo, los bordes de mi pupila; el radio de tu mirada. Y siento tus ojos tierra, recorriendo mi rostro cargo; consabida delicadeza de saxofón encantado.
Apenas cabría un gramo diluyéndose entre repasos y esa laguna divina avisa con impaciencia de la opresión en el pecho y el aire que pirateas. Con el aliento colgado desde el balcón de mis labios, el tiempo nos desvalija de externos móviles vanos. En latitud definida por tu horizonte infinito, mi túnica descose aromas que se te hacen tan tuyos. Y llegan, como tijeras, las yemas de tu deseo; a deslizarse acortando el paso de mis latidos. Difusos límites crespos de agrestes terrenos llanos, bailando liso y sinuoso acorde desenfadado. Resbala tu copa tibia por cabos erosionados de rústica y accidentada colina de altares (que me has nombrado). Esquiándose enmarañados; etéreos; abiertos; anchos, nuestros abismos ampliados en nido de lo posible. Y como lo han dicho antes, y como lo he recordado (en el rincón de un planeta sin nombre y dinamitado) lo relativo florece fresco, con el rocío de elipsis; cuando los dos nos sabemos tangentes y liberados, alternos y desbocados.
Qué es, amor, lo que nos suplanta; cuando dormimos batiendo, y cala un hondo refugio aún a pesar del tiempo…si muy al costado y lejos, de nuestros más férreos pujos; aún nos derriba, impune, la flor extasiada al viento.
Apenas cabría un gramo diluyéndose entre repasos y esa laguna divina avisa con impaciencia de la opresión en el pecho y el aire que pirateas. Con el aliento colgado desde el balcón de mis labios, el tiempo nos desvalija de externos móviles vanos. En latitud definida por tu horizonte infinito, mi túnica descose aromas que se te hacen tan tuyos. Y llegan, como tijeras, las yemas de tu deseo; a deslizarse acortando el paso de mis latidos. Difusos límites crespos de agrestes terrenos llanos, bailando liso y sinuoso acorde desenfadado. Resbala tu copa tibia por cabos erosionados de rústica y accidentada colina de altares (que me has nombrado). Esquiándose enmarañados; etéreos; abiertos; anchos, nuestros abismos ampliados en nido de lo posible. Y como lo han dicho antes, y como lo he recordado (en el rincón de un planeta sin nombre y dinamitado) lo relativo florece fresco, con el rocío de elipsis; cuando los dos nos sabemos tangentes y liberados, alternos y desbocados.
Qué es, amor, lo que nos suplanta; cuando dormimos batiendo, y cala un hondo refugio aún a pesar del tiempo…si muy al costado y lejos, de nuestros más férreos pujos; aún nos derriba, impune, la flor extasiada al viento.
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