Sunday, May 16, 2010

Suspiros crepusculares

La sombra de su tronco se inclinaba generosamente sobre el sol de su incendiada existencia y cuando el frío de la realidad era tan tangible como la tristeza en los ojos de la gente, se inventaba un diálogo entre ramitas desnudas y piedras transparentes. Porque escuchaba su motor que alguien más sacrificaba un mínimo de su tiempo, de su sudor, de su descanso y sonrisa. Se vendaba en tolerancia los hombros y cargaba una vasija vacía de rencores.
Con el alma astillada, un gorrión se acurrucaba junto al águila de alas quebradas y mirada aguda. Sus picos se abrían ante la misma necesidad de alimento. Un pico afilado, y más allá, los colmillos gastados del felino cansado de roer sus propias cuerdas; y un cazador de sueños trazado con los dedos en la espalda.
En el muelle de sus párpados, descansa la mirada el caminante acariciado por la ternura que cavila entre sus rumbos. Y la silueta lejana de un horizonte infinitamente incierto aventura un tímida sonrisa mientras trina un ave el silbido de un ahora.

En pleno estado contemplativo

En pleno estado contemplativo

En pleno estado contemplativo, la naturaleza habla (a veces, devuelve como ecos los suspiros y las lágrimas de los corazones que se acercan a la orilla. Otras, acaricia los deseos despertados y se cuela entre los dedos cuando queman como lava. He llorado adioses y sonreído ante la belleza de las aguas. He abierto los ojos con asombro ante el infinito del horizonte y aceptado muchas cosas al abrigo de las olas. (Y esto es personal y autorreferente). Pero en la piel se siente lo que habla y es universal (afortunadamente). No sé si mi piel escucha bien (está un poco sorda a veces) pero creo que esta vez me dijo algo así: Fehacientemente, sólo me cubre la caricia del arrullo de un silencio: el de los labios que se guardan celosamente la palabra más linda (pero más ligeramente dicha). Y muchas mareas nos han llevado a otros lados (pero nos han traído de vuelta a la misma orilla). Y muchas corrientes nos han acunado hasta dejarnos dormidos en un limbo de nada hermosa y agreste. Es un estado que me conduce a deshacerme en pequeñas partículas diseminadas en la inmensidad de un todo que descentra y ahí es dónde la plenitud baña cada rincón con su esencia universal e infinita. Porque la gloria de la no referencia personal redime de dolores, culpas y mochilas. Porque no hay que preguntarse nada cuando de uno no se trata y aterrizando el eje en otras ruedas, se inunda el no ser de ingravidez.
(escuchando "Fields of corals" de Vangelis)