Tuesday, September 9, 2008
Eslabones
Y convoca a lo lúdico para transformar los recuerdos en un montón de hojas secas y le invita a saltar sobre ellos….mientras la vida prefiere jugar una carrera hasta sus tejas (ida y vuelta sin parar)…y se deja ganar (a veces)
Y sus “rachas” comienzan a hacer rafting por la sangre hereje (que bombea a más de 100 por minuto) a veces, colgándose de una excusa pusilánime; otras, podando las uñas y talando los huesos que el alma no posee.
Esa fuerza (ahora normalizada a 70 pulsaciones por minuto) se transporta a la esencia de una vela que consume lentamente su cera al calor de la mecha, o al de una vidriera donde observan, expuestos e impotentes, los minutos por venir.
Tal vez, a esta altura, lo etéreo y onírico (que aún no se asfixia) es lo que se hace carne bombeando; a cada músculo, a cada órgano, un poquito de aliento.
Delicadamente moja los ojos resecos con una nube humedecida de esperanzas que bosteza jazmines; mientras la ternura sugestivamente va arando las asperezas en su caída de ojos.
Es cuando se comienza a saborear que balconea lo próximo que se duerme sobre el pecho de ilusiones para despertar en los brazos de un estado más sensato, tangible y real.
En el consenso del ser, que ilumina, retoños de alba abren sus pétalos al calor de voluntades de hierro mientras se ve… como…sobre gélidas miradas esquía la capacidad de superación.
Y la existencia…la existencia apunta sus antenas, hacia un lado, hacia el otro y sale de su capullo habiendo convertido al cactus en una palmera frondosa que despliega su sombra a lo largo de la cañada de las relaciones humanas
Y a veces, vida, te encuentro allí, en la grieta de la comunicación (donde fracasa el entendimiento y nacen la mayoría de los malos entendidos, batallas y necesidades... )
Imagino cómo sería si se hablaran entonces el optimismo y el pesimismo; porque alguien me dijo alguna vez… “yo no veo el vaso medio lleno, ni medio vacío: yo me tomo lo que contiene” (eso es practicidad)…
)
Monday, September 8, 2008
Grecia (el perfil bello de la humanidad)
Ya no en su perfil, sino de frente: una verdad (una de tantas como almas habemos) Vibrando entre las cuerdas de los más remotos bocetos de vida, voces que edifican una realidad programada por alas sin plumaje.Y le agregan, a las alas, una pluma por cada segundo respirado (y las guardan celosamente para desplegarlas cuando la intensidad
achique los pulmones).
Las culpas acunadas en el abismo de los ojos por aquello que la humanidad reclama…salta, en la mirada, la acción. Sopla levemente las cuerdas de los más remotos bocetos de vida y esos acordes bombean sangre para actuar en consecuencia.
En las cavernas auditivas, anida una intuición; que agita la conciencia, hurgando la memoria. Vuelve a soplar levemente las cuerdas de los más remotos bocetos de vida
y la melodía que se escucha reclama ser enterrada en el olvido en pos de facturas enfiladas a la vanidad (“que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”)
Bucle, espiral, resorte, caracol y hélice; es la acción hospedando fresas en cañadas de ilusiones hacia realidades mas honradas.
Atraviesa, ciclos, una nórdica voz que arrulla una respiración serena y etérea.
Aura de nubes pasajeras anidan un augurio de huracanes que limpian el continente de un rostro carbonizado por los azotes de las llamas de la vida.
Se abre la piel para amparar y ampararse dosificando humanidad como arena entre piedritas…
Si letras que accionan es lo que escucho de sus ojos cuando miro sus manos
desnudas de egoísmo extendidas…extendidas…aún más.
Hacen vibrar mis cuerdas vocales en un grito de demanda subterránea que vence mis párpados en alud de impresiones y una caricia compasiva de quien arrima el hombro
al dolor del otro.
Si tan cierto es que es la voz de almas solidarias la que me ha devuelto, junto con la fe, un corazón sensible; no estaría en mí atarlo… ni sedarlo. Si me convoca a escuchar misericordia (porque existe en el lamento; en las bóvedas de hielo de los labios de voluntades solitarias); que me salte las culpas rematadas y me conduzca a ver más allá de mí.
Y después, tiernamente, abotone mis pasos al destino cicatrizado por las abejas laboriosas de sus manos.
No soy quien para amputar el sentimiento al diccionario ni esculpir en mis huesos
las tablas de maestros (esos, de los que sobran).
Que sea hurtada mi obra a mi presencia y las cuentas banderilladas en olvido (“que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”)
(...porque en esta terrenal y limitada existencia existen espíritus con luz propia...para ellos)
Garbanzos De Individualidad: (alegoría)
A1 practicaba gestos sin sentido como actividad de puro placer o ejercicio lúdico.
B2 escupía improperios al viento por pura catarsis. Y, como no le alcanzaba, comenzó a absorber como por ósmosis las broncas, frustraciones, impotencias, dolores y quimeras ajenas y comenzó a escupir el fuego de reclamos porfiados (¿qué culpa tendría el resto de su “generosa” y mal entendida camaradería?).
C3 Nada. Nada de nada.
D4 Daba, daba, daba…(¿presente?) da, da, da…
E5 Buscaba su reflejo sin encontrarlo…porque estaba entre lo que veían los demás de él y su propia concepción. Era noble, era dulce…y era cobarde.
Podrían haber pasado horas, días, semanas así si no hubiera sido por una piedra que cayó en el agua ¡splash! (¿no escuchaste? ¡SPLASH!)
El remanso de la alberca desfiguró la imagen de cada uno de ellos y los sacudió llevándolos a verse las caras…lo que es peor… a los ojos. Sus soledades implotaron hasta hacerse edades del sol. Se tomaron de las manos y se echaron al agua sin dudarlo un segundo. Parecían delfines…hasta que se mezclaron diluyéndose con el resto del líquido. Fueron toda humedad.
El ruido llamó la atención del hada del paraje. Ella había perdido su identidad y la estaba buscando entre las matas. Sintió curiosidad y se acercó hasta encontrar su reflejo en el agua. No, no era hermosa…era…era una “Era” de un mundo (el suyo). Eso, era y nada más.
Se reconoció. Jugó con su imagen, se enojó con lo que no le gustaba de lo que veía de ella (y se enojó mucho, pero mucho). Recorrió con la vista detenidamente, su reflejo. Se aceptó, se adoptó. Empacó una maleta de dulzura en sus ojos (una en cada ojo) y transformó la agresividad que le generaban sus carencias y limitaciones en fuerza para levantarse.
Compuso la música de lo heredado (y lo llamó temperamento), y a la lírica de lo vivenciado lo denominó carácter. Entonó la más tierna melodía (personalidad) y eso ofreció: “soy esto y esto ofrezco” Y con esa encantadora canción volteó los robles y salió…
Corazón De Lluvia y Sangre de León (alegoría).
Como hiedras, los cristales del estado innombrable treparon por las pestañas sus suspiros y buscaron el capullo de las almas para licuarles el pavimento con ternura. Y así (tan ellos…) sus huellas se le grabaron precediendo al aliento que, mientras iba secando nuevamente ese hormigón (¿protector?), marcaba territorio en la piel de la manera más…suya. Esa huella tatuada en el cemento…
Y ES, esas letras que no iban a decirse (no en esos versos). Podrán identificar lo que los unía, aquello que dejaría a la rutina pidiendo limosna detrás de las vías.
Mientras corazón de lluvia regaba la tierra con el dolor que brotaba de su sensibilidad, sangre de león rugía su fuerza custodiando esa semilla.
Ellos nunca la nombraron, pero para que lo entiendas, te diré que yo le llamo: “Fe”.
Fe nació de ellos y era tiernamente fuerte y ferozmente sensible.
En poco tiempo, las carcajadas de Fe comenzaron a inundar la casa…y el bosque entero. Ella llenaba de luz y aire cuanto rozaba. Tenía la capacidad de asombrar con cada gesto, con cada paso que daba. Un día, por ejemplo, se pasó toda una mañana observando. Corazón de lluvia dejó de llorar los ángeles muriendo y sangre de león dejó de rugir para escucharla. Fe se levantó…muy despacito…y así, de a pasitos chiquitos; en punta de pies, se acercó a ellos y les susurró suavemente _Miren, ¿ven esas hormigas como trabajan juntas, se hablan, se escuchan, se buscan. Entre todas juntan comida. Una sola no podría hacer nada_ (Corazón de lluvia y sangre de león se miraron con complicidad (lo hicimos bastante bien) _Y miren esos pingüinos… allá bien al sur, bien al sur…¿los llegan a ver en el agua helada?; ¿saben que ellos están juntos para poder volver y que si uno se retrasa y se pierde se muere en soledad …de frío?_ (Despacito, una sensación de bienestar, como de calorcito de fogón, les fue recorriendo el cuerpo). _Vean hacia el cielo _prosiguió Fe_ ¿Ven esos pájaros?; ¿saben que vuelan en “V” por un principio determinado?; y ellos lo saben y no se lo preguntan…vuelan en “V”…en grupo.
Casi sin que se dieran cuenta los llevó a los columpios de hiedras y les dijo _ahora, cuando estén arriba…bien arriba…cierren los ojos…ahora... ¿notan como el pecho se achica?; ¿perciben la presión en el centro?... ¿sentiré eso por alguien alguna vez?; ¿sentirán algo así por mí?; ¿lo sabré cuando llegue el momento? (¿me aceptará con un ala?).
Corazón de lluvia posó suavemente su mano sobre los labios de Fe para silenciarla y sangre de león la cargó en brazos hacia la casa.
Lejos, muy lejos…una estrella se encendía para desprender la voz de “Deseo”. Deseo había sido soñado por pasión y silencio una noche de carencias…y dormía sobre las sábanas de la caridad…deseo tenía la piel verde…y tenía un ala…
Hubo un tiempo en el que Fe comenzó a caminar por los corredizos de las almas tratando de despertar un poco de esperanza entre las nubes de la desilusión. Fe era tan imperceptible, que a veces la gente no la veía (como lo iba a hacer si estaba sobre sus narices; justo entre ojo y ojo…) Fe tenía un ala rota, pero no la necesitaba para caminar por el interior de la gente. Era tan chiquitita…poquita…
Deseo había reparado en ella un día de invierno que había salido a buscar señales para mantener su salamandra encendida. Deseo llevaba la piel verde y tenía un ala. Tampoco la necesitaba para volar porque reptaba, y también estaba bien que lo hiciera, le era permitido.
El invierno golpeaba más duro que nunca esa vez. Alguien había dicho por allí que a madre, La madre, la habían vapuleado de la peor manera. Habían agotado sus recursos como liendres y ya no tenía la misma lozanía. Su cuerpo había comenzado a experimentar cambios notables. Naturaleza (La madre) evidenciaba una palidez irreversible. A veces reaccionaba, otras no. Cuando no reaccionaba, algunos seres (los más sensibles) lo hacían por ella. Era muy amada por todos y a la vez…tan abandonada.
Un día como cualquier otro, Fe confundió a Deseo con una persona y se internó en sus ojos. Eran profundos, muy profundos. Se sintió subyugada completamente, sobre todo por el color verde de su piel. Cuando Fe llegó al corazón de Deseo, comenzó a crecer. Parecían haber estado hechos para ser coherencia, como los engranajes de un reloj. Afines, alternos, compensados el uno en el otro. A medida que Fe iba creciendo en los brazos de Deseo, éste iba madurando entre ella. Si, ella podía caminar y escurrirse; y él, reptar…pero juntos, juntos volaban. Corazón de lluvia y sangre de león, que habían engendrado a Fe, experimentaron lo que ellos reflejaban; se miraron a los ojos; se sonrieron y, tomados de la mano, subieron un escalón para dejarles su espacio… a su manera.
Micaela (aprenderá?)
Micaela deseaba ignorar olvidar el aroma del jazmín en los ojos del que ama.
Holgazaneando, en los balcones del bolsillo de un minuto, se perdió. Se pasó de parada
recorriendo la sal de una lágrima hasta sus labios.
Micaela penetró en el bosque de lo oscuro del silencio hasta hundirse en su fango.
Ensayó, una y mil veces, los caminos para hallar fundamento a sus letras y fracasó en el intento (pobre Micaela).
Repasó los tonos de la voz (esa voz) buscando las huellas borradas por el agua del tiempo y la no memoria…y se sorprendió sonriendo…
Ella omitió, en un descuido, registrar las mariposas jugando a ser insectos que se buscan y se alejan en circulares danzas de sortilegio místico. ¿Será que así, podría verlas nuevamente y disfrutar del espectáculo como si fuese la primera vez?
Sus labios, olvidaron sobre la arena, el sabor de los besos capaces de eclipsar su razón florecida; para verlos nacer en cada nuevo roce…como si fuese ese: el primero.
Su piel ocultó la mirada al arrumaco… y no lo escribió…dejando en blanco la posibilidad
de volver a ser acariciada como esa matriz.
Micaela fue adiestrando con ternura sus papilas para saborear el café recién madrugado en las primeras luces y se dejó cautivar por una taza de chocolate caliente en la más cruda de las tardes de invierno.
Sus oídos dejaron colgada de una rama los trapos mojados del sonido del arroyo
de la risa de los niños y la canción de cuna. Y podría gozar de la sinfonía
una… y otra vez…como si fuese la única.
Dejó, Micaela, la experiencia y las vivencias para no atesorarlas demasiado,
con el fin de revivir la original, no la copia.
No se encuentra en la repisa de sus ojos de celulosa nostálgica el trofeo postrero y más reciente del encuentro hacia el extremo…porque desea inaugurar en cada colisión un nuevo pacto…y descubrir, permanentemente.
Mica: no por lúbrica carnal, liviana y deshonesta, sino por sutilmente rústica, tenue y etérea…Ela: donna, fémina, orgullosa de serlo (¿y por qué no debería estarlo?)
Micaela, Micaela…acaso el tiempo, y su fiel compañero de vida podrían iluminarla con el amor que se tenían…¿Acaso aprenderá a no aprender…
para conservar su capacidad de asombro?
Mi Utopía Más Real
Contemplativas, se quedaron respondiendo a mi pedido de reserva. Más que pedido, fue un ruego. Más que un ruego, un verdadero grito: ¡tregua! Y es que aquello de que te hablen al oído permanentemente puede llegar a ser enloquecedor, te diré circunspecta.
A veces, claro está, la locura te aporta sus satisfacciones. Puedes, por ejemplo, decir las verdades más osadas sin temor a herir. Total, el absurdo se indulta asimismo en una rabiosa perspicacia de lo oscuro, de lo ajeno, de lo que habita fuera de todo parámetro…
Y allí se encuentran ellas, pequeñas flores de inspiración. Algunas huelen a jazmines que endulzan mi céfiro. Otras, tienen sabor a rosa mosqueta (de qué te has perdido si todavía no has probado el dulce de rosa mosqueta que hace Doña Clota…si, la que vive en Bariloche; donde los dúctiles laten…). Todas esas deliciosas criaturas me rocían con exquisita ternura las fibras y me empujan a crear…a crear…y a seguir creando.
Van borrando con sus alas despacito y subyugantes las líneas de los límites que el tiempo y los preconceptos marcan. Da miedo…porque es mejor tener todo domesticado y eso de soltarle las riendas a la imaginación puede ser devastador…encantadoramente devastador.
A veces, claro está, ventilan mi entraña de efluvios dolorosos. Como cuando me conecto con el sufrimiento ajeno. Y es tanto el padecimiento, que se torna insoportable. Porque se multiplica y se potencia a la vez en los poros de mi piel, en las ranuras de mi mirada. Ahí, ahí mismo donde se cuelan y escapan los silencios…
Esos mutismos balsámicos que emanan inciensos reparadores. Y te rozan, te rozan en el centro: justo donde se encuentra el impulso autodestructivo humano con el de autoconservación. Y se dan la mano, para seguir acechándose mutuamente.
Querida vena lírica que marca su territorio en mi piel: las musas. Ellas me respetan, si. Y también se cansan de esperar sentadas. Una, hizo un bolso con todos los textos que no fueron ni serán y se marchó sin saludar. Otra, la más pequeña y traviesa, comenzó a correr por la casa (hasta la perra se inquietó) y ya no se dejó atrapar…La más blanca me miró nítida, comprensiva, compañera, fiel e impoluta: profética. Un poco más indiscreta, la última, comenzó con un tenue murmullo que fue conduciendo con sagacidad hacia un impertinente cotorreo: rebelde! A ella le envié un oficial para que le leyera sus derechos (por esto de que “tiene derecho a permanecer callada…”). Pero ella lo sedujo, lo envolvió con su canto de sirena y lo transformó en poeta.
Hicimos un pacto: no las nombro. No les pondré nombre. Porque sería apropiarme de su esencia, apegarme y esclavisarlas.
_¿Una copa de vino, amor?_me dijo mi Lord de los caminos de vuelta a la cordura, mi señor del cable a tierra, mi canal.
_No sé, tal vez me haga mal…si ya escribo esto sobria y frugal, no sé que pueden hacer unas gotas de alcohol en mi sangre...¡kaboom!
Y es así que terminé escribiendo este relato, que camina en la cornisa de la incoherencia mientras deja la huella de una verdad: la fragilidad de la naturaleza humana…
El Granito de Arroz
Un granito de arroz (mimetizado entre otros cientos en un plato geofísico) y una hornalla de preguntas sin respuesta…al mirar a un lado, sus ojos rozan otros granitos que se cuecen en su historia: la del vientre adolescente embarazado (desconcertado…), la del peso de las puertas que se cierran ante el desempleado y las manos de una Tierra mojada en la indiferencia que grita una “¡eutanasia!” frente a voluntades contaminadas con rencores (el asfalto del desprecio en el comercio de ideales que negocian en mostradores sin puertas ni techos los pacientes yéndose solos, los niños suicidas y los que esperan un órgano para seguir viviendo)
Late…en cada latido, martilla el hambre; que, de real, escara y se enreda en el ovillo de miedos, soledades y culpas dibujadas en la mirada del viejo abandonado y en hielo del consultorio (que no se derrite con música ambiental)
¿Sientes? Se le ha ampollado el corazón en el reclamo no escuchado y en cada silla vacía a la mesa de un cuerpo que se queda en el campo de batalla de intereses (que huelen feo)
Mientras…en la vía (donde ya no corren trenes) las barreras de la soledad caen como piedras sobre los seres con necesidades especiales y los tímidos pulmones de gritos ahogados por el maltrato.
Y sus venas observan y escuchan (pero en vez de viejas chismosas, son ríos de dolor que quema en quienes sobreviven a un ser querido… y lo velan para dejarlo ir sabiendo que nunca más lo verán).
¿Hueles? Es el aroma de una verdad que se abre: la suya, la tuya, la de cada uno, esa que cada cual entiende en intimidad.
Se levantan las entrañas de un alma cocida al hervor del agua de una mano solidaria que se extiende y arrulla con la calidez de su generosidad desinteresada (porque le consta que las hay; que vale la pena; que se puede; que el simple gesto de la presencia marca, contundente, un camino…)
Si. En algún momento la aversión del otro le ha golpeado y ha actuado como pudo: poniéndolo en palabra (porque sabe que hubo, hay y habrá a quienes puede no caerle en gracia) Y, si es así, tiene por cierto que el otro está en todo su derecho de odiarle por el motivo que sea…como él lo está de no quedarte a su lado recibiendo su desprecio y resentimiento.
Y si le preguntas lo que ha hecho de concreto te dirá que no lo sabe, o no se acuerda…o, si pides mayor sinceridad, prefiere no saberlo. Pero, en ese olvido, nada una hermosa sensación de bienestar (porque se siente lindo) y que en esas obras (que desconoce la memoria al realizarse), florece el sentido ínfimo, profundo y sencillo de la existencia ¿Su espíritu? su espíritu se asemejará, entonces, a ese granito de arroz…ya cocido…blando…