Sunday, May 16, 2010

Suspiros crepusculares

La sombra de su tronco se inclinaba generosamente sobre el sol de su incendiada existencia y cuando el frío de la realidad era tan tangible como la tristeza en los ojos de la gente, se inventaba un diálogo entre ramitas desnudas y piedras transparentes. Porque escuchaba su motor que alguien más sacrificaba un mínimo de su tiempo, de su sudor, de su descanso y sonrisa. Se vendaba en tolerancia los hombros y cargaba una vasija vacía de rencores.
Con el alma astillada, un gorrión se acurrucaba junto al águila de alas quebradas y mirada aguda. Sus picos se abrían ante la misma necesidad de alimento. Un pico afilado, y más allá, los colmillos gastados del felino cansado de roer sus propias cuerdas; y un cazador de sueños trazado con los dedos en la espalda.
En el muelle de sus párpados, descansa la mirada el caminante acariciado por la ternura que cavila entre sus rumbos. Y la silueta lejana de un horizonte infinitamente incierto aventura un tímida sonrisa mientras trina un ave el silbido de un ahora.

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