Friday, July 2, 2010

Plegaria de un espíritu aturdido

He escuchado, en esos ojos, el murmullo de un espíritu cansado de dolor,
indiferencia y hambre.
Quieto, espíritu, quédate suspendido en el abrigo de lo nulo y pierde el sueño, que el sopor se hace tu soga (bucea en tu sueño hasta hacerlo pulmón y vientre) y despliega las alas hasta tocar la inmensidad ajada.
Sostén el tiempo entre las manos y eleva los ojos hasta dejar sin aire cada rincón del alma hecha cera bajo la luz de una certeza entre tus dedos.
Que hay orillas de soledad e incomprensión buscando ser remontadas por la flora de la tierra que ahí respira (centro de piedras y minerales ofrendado en el altar de un par de labios)
Nada cubre el cuerpo cuando la verdad habla (y las sirenas callan para escuchar el susurro de una flor abriéndose al amanecer).
Un rayo fulminante atraviesa el cielo y grita en el claustro despedido al espacio
infinito de tus ojos.
En un instante, la selva se vuelve el refugio de dos aves vulneradas por las lágrimas enjugadas y atadas a un par de cometas sin dirección en el profundo universo de sus luces azules girando al ritmo de un espiral de angustias superadas.
Habrán batallas y tormentas, y un corcel alado enfrentado a su imagen; tal vez llegará a invadir esa desolada isla. Pero, quedan otros brazos para obrar, otro impuso para salir, otra razón para sentir.

(Porque aunque haya cosas que al espíritu le hagan perder el sueño, aún el corazón tiene capacidad de apreciar la belleza que nos es obsequiada)

(Escuchando "Still my heart" de Vangelis)

Cuando dos seres se encuentran

Cuando dos seres se encuentran
Las ramas se despojan de hojas secas en la alberca del pasado
y no hay puertas en el alma que moderen sensaciones brotando como raices
de las yemas de las venas (de las luces de la piel).
Y el esqueleto de sus troncos vacíos de verdes se mecen al aliento de gemidos que ahondan en cavernas de letras no escritas en papiros de estrellas de tres puntas.
Cuando el invierno del que sufre hiela la sangre y el otoño del desgano frena el impulso, la luna baila con su mejor estrella entre el destiempo y las rutinas.
Porque hay luciérnagas despiertas en tu boca de cielo;
porque hay un sistema solar de cosquillas en la arena entre tu pecho y el mío
y, desnuda ante vos, me descubres entera
(más allá de la piel; más allá de la vida; más acá de mi ser).