Micaela disfrutaba caminar descalza por la arena, por el césped, sobre todo transportada por el aroma que desprendía recién cortado y con rocío en la piel.
Micaela deseaba ignorar olvidar el aroma del jazmín en los ojos del que ama.
Holgazaneando, en los balcones del bolsillo de un minuto, se perdió. Se pasó de parada
recorriendo la sal de una lágrima hasta sus labios.
Micaela penetró en el bosque de lo oscuro del silencio hasta hundirse en su fango.
Ensayó, una y mil veces, los caminos para hallar fundamento a sus letras y fracasó en el intento (pobre Micaela).
Repasó los tonos de la voz (esa voz) buscando las huellas borradas por el agua del tiempo y la no memoria…y se sorprendió sonriendo…
Ella omitió, en un descuido, registrar las mariposas jugando a ser insectos que se buscan y se alejan en circulares danzas de sortilegio místico. ¿Será que así, podría verlas nuevamente y disfrutar del espectáculo como si fuese la primera vez?
Sus labios, olvidaron sobre la arena, el sabor de los besos capaces de eclipsar su razón florecida; para verlos nacer en cada nuevo roce…como si fuese ese: el primero.
Su piel ocultó la mirada al arrumaco… y no lo escribió…dejando en blanco la posibilidad
de volver a ser acariciada como esa matriz.
Micaela fue adiestrando con ternura sus papilas para saborear el café recién madrugado en las primeras luces y se dejó cautivar por una taza de chocolate caliente en la más cruda de las tardes de invierno.
Sus oídos dejaron colgada de una rama los trapos mojados del sonido del arroyo
de la risa de los niños y la canción de cuna. Y podría gozar de la sinfonía
una… y otra vez…como si fuese la única.
Dejó, Micaela, la experiencia y las vivencias para no atesorarlas demasiado,
con el fin de revivir la original, no la copia.
No se encuentra en la repisa de sus ojos de celulosa nostálgica el trofeo postrero y más reciente del encuentro hacia el extremo…porque desea inaugurar en cada colisión un nuevo pacto…y descubrir, permanentemente.
Mica: no por lúbrica carnal, liviana y deshonesta, sino por sutilmente rústica, tenue y etérea…Ela: donna, fémina, orgullosa de serlo (¿y por qué no debería estarlo?)
Micaela, Micaela…acaso el tiempo, y su fiel compañero de vida podrían iluminarla con el amor que se tenían…¿Acaso aprenderá a no aprender…
para conservar su capacidad de asombro?
Monday, September 8, 2008
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