Corazón de lluvia llegó sin proponérselo. Nadie le había preguntado si quería venir a la Tierra [estaba tan cómoda en el limbo (¿sabes que existe?)]. Simplemente apareció con cuerpo de papel, manos de seda y ojos de esponja. Sangre de león sabía que debía estar y reclamaba cuanto deseaba (podía hacerlo, estaba en su derecho, pues hacía que todo quisiera pertenecerle). Sangre de león llevaba piel de cuero (muy curtida), espaldas de acero y ojos de hoguera. Se encontraron y todas las fuerzas congeniaron para sonreírles (las más rápidas fueron acción, reacción, atracción, gravedad, absorción, adherencia, empuje, cohesión).
Como hiedras, los cristales del estado innombrable treparon por las pestañas sus suspiros y buscaron el capullo de las almas para licuarles el pavimento con ternura. Y así (tan ellos…) sus huellas se le grabaron precediendo al aliento que, mientras iba secando nuevamente ese hormigón (¿protector?), marcaba territorio en la piel de la manera más…suya. Esa huella tatuada en el cemento…
Y ES, esas letras que no iban a decirse (no en esos versos). Podrán identificar lo que los unía, aquello que dejaría a la rutina pidiendo limosna detrás de las vías.
Mientras corazón de lluvia regaba la tierra con el dolor que brotaba de su sensibilidad, sangre de león rugía su fuerza custodiando esa semilla.
Ellos nunca la nombraron, pero para que lo entiendas, te diré que yo le llamo: “Fe”.
Fe nació de ellos y era tiernamente fuerte y ferozmente sensible.
En poco tiempo, las carcajadas de Fe comenzaron a inundar la casa…y el bosque entero. Ella llenaba de luz y aire cuanto rozaba. Tenía la capacidad de asombrar con cada gesto, con cada paso que daba. Un día, por ejemplo, se pasó toda una mañana observando. Corazón de lluvia dejó de llorar los ángeles muriendo y sangre de león dejó de rugir para escucharla. Fe se levantó…muy despacito…y así, de a pasitos chiquitos; en punta de pies, se acercó a ellos y les susurró suavemente _Miren, ¿ven esas hormigas como trabajan juntas, se hablan, se escuchan, se buscan. Entre todas juntan comida. Una sola no podría hacer nada_ (Corazón de lluvia y sangre de león se miraron con complicidad (lo hicimos bastante bien) _Y miren esos pingüinos… allá bien al sur, bien al sur…¿los llegan a ver en el agua helada?; ¿saben que ellos están juntos para poder volver y que si uno se retrasa y se pierde se muere en soledad …de frío?_ (Despacito, una sensación de bienestar, como de calorcito de fogón, les fue recorriendo el cuerpo). _Vean hacia el cielo _prosiguió Fe_ ¿Ven esos pájaros?; ¿saben que vuelan en “V” por un principio determinado?; y ellos lo saben y no se lo preguntan…vuelan en “V”…en grupo.
Casi sin que se dieran cuenta los llevó a los columpios de hiedras y les dijo _ahora, cuando estén arriba…bien arriba…cierren los ojos…ahora... ¿notan como el pecho se achica?; ¿perciben la presión en el centro?... ¿sentiré eso por alguien alguna vez?; ¿sentirán algo así por mí?; ¿lo sabré cuando llegue el momento? (¿me aceptará con un ala?).
Corazón de lluvia posó suavemente su mano sobre los labios de Fe para silenciarla y sangre de león la cargó en brazos hacia la casa.
Lejos, muy lejos…una estrella se encendía para desprender la voz de “Deseo”. Deseo había sido soñado por pasión y silencio una noche de carencias…y dormía sobre las sábanas de la caridad…deseo tenía la piel verde…y tenía un ala…
Hubo un tiempo en el que Fe comenzó a caminar por los corredizos de las almas tratando de despertar un poco de esperanza entre las nubes de la desilusión. Fe era tan imperceptible, que a veces la gente no la veía (como lo iba a hacer si estaba sobre sus narices; justo entre ojo y ojo…) Fe tenía un ala rota, pero no la necesitaba para caminar por el interior de la gente. Era tan chiquitita…poquita…
Deseo había reparado en ella un día de invierno que había salido a buscar señales para mantener su salamandra encendida. Deseo llevaba la piel verde y tenía un ala. Tampoco la necesitaba para volar porque reptaba, y también estaba bien que lo hiciera, le era permitido.
El invierno golpeaba más duro que nunca esa vez. Alguien había dicho por allí que a madre, La madre, la habían vapuleado de la peor manera. Habían agotado sus recursos como liendres y ya no tenía la misma lozanía. Su cuerpo había comenzado a experimentar cambios notables. Naturaleza (La madre) evidenciaba una palidez irreversible. A veces reaccionaba, otras no. Cuando no reaccionaba, algunos seres (los más sensibles) lo hacían por ella. Era muy amada por todos y a la vez…tan abandonada.
Un día como cualquier otro, Fe confundió a Deseo con una persona y se internó en sus ojos. Eran profundos, muy profundos. Se sintió subyugada completamente, sobre todo por el color verde de su piel. Cuando Fe llegó al corazón de Deseo, comenzó a crecer. Parecían haber estado hechos para ser coherencia, como los engranajes de un reloj. Afines, alternos, compensados el uno en el otro. A medida que Fe iba creciendo en los brazos de Deseo, éste iba madurando entre ella. Si, ella podía caminar y escurrirse; y él, reptar…pero juntos, juntos volaban. Corazón de lluvia y sangre de león, que habían engendrado a Fe, experimentaron lo que ellos reflejaban; se miraron a los ojos; se sonrieron y, tomados de la mano, subieron un escalón para dejarles su espacio… a su manera.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment