Monday, September 8, 2008

El Granito de Arroz

Un granito de arroz (mimetizado entre otros cientos en un plato geofísico) y una hornalla de preguntas sin respuesta…al mirar a un lado, sus ojos rozan otros granitos que se cuecen en su historia: la del vientre adolescente embarazado (desconcertado…), la del peso de las puertas que se cierran ante el desempleado y las manos de una Tierra mojada en la indiferencia que grita una “¡eutanasia!” frente a voluntades contaminadas con rencores (el asfalto del desprecio en el comercio de ideales que negocian en mostradores sin puertas ni techos los pacientes yéndose solos, los niños suicidas y los que esperan un órgano para seguir viviendo)

Late…en cada latido, martilla el hambre; que, de real, escara y se enreda en el ovillo de miedos, soledades y culpas dibujadas en la mirada del viejo abandonado y en hielo del consultorio (que no se derrite con música ambiental)

¿Sientes? Se le ha ampollado el corazón en el reclamo no escuchado y en cada silla vacía a la mesa de un cuerpo que se queda en el campo de batalla de intereses (que huelen feo)

Mientras…en la vía (donde ya no corren trenes) las barreras de la soledad caen como piedras sobre los seres con necesidades especiales y los tímidos pulmones de gritos ahogados por el maltrato.

Y sus venas observan y escuchan (pero en vez de viejas chismosas, son ríos de dolor que quema en quienes sobreviven a un ser querido… y lo velan para dejarlo ir sabiendo que nunca más lo verán).

¿Hueles? Es el aroma de una verdad que se abre: la suya, la tuya, la de cada uno, esa que cada cual entiende en intimidad.

Se levantan las entrañas de un alma cocida al hervor del agua de una mano solidaria que se extiende y arrulla con la calidez de su generosidad desinteresada (porque le consta que las hay; que vale la pena; que se puede; que el simple gesto de la presencia marca, contundente, un camino…)

Si. En algún momento la aversión del otro le ha golpeado y ha actuado como pudo: poniéndolo en palabra (porque sabe que hubo, hay y habrá a quienes puede no caerle en gracia) Y, si es así, tiene por cierto que el otro está en todo su derecho de odiarle por el motivo que sea…como él lo está de no quedarte a su lado recibiendo su desprecio y resentimiento.

Y si le preguntas lo que ha hecho de concreto te dirá que no lo sabe, o no se acuerda…o, si pides mayor sinceridad, prefiere no saberlo. Pero, en ese olvido, nada una hermosa sensación de bienestar (porque se siente lindo) y que en esas obras (que desconoce la memoria al realizarse), florece el sentido ínfimo, profundo y sencillo de la existencia ¿Su espíritu? su espíritu se asemejará, entonces, a ese granito de arroz…ya cocido…blando…


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