Grecia, en sus límites; y una esquina donde guardan sus secretos.
Ya no en su perfil, sino de frente: una verdad (una de tantas como almas habemos) Vibrando entre las cuerdas de los más remotos bocetos de vida, voces que edifican una realidad programada por alas sin plumaje.Y le agregan, a las alas, una pluma por cada segundo respirado (y las guardan celosamente para desplegarlas cuando la intensidad
achique los pulmones).
Las culpas acunadas en el abismo de los ojos por aquello que la humanidad reclama…salta, en la mirada, la acción. Sopla levemente las cuerdas de los más remotos bocetos de vida y esos acordes bombean sangre para actuar en consecuencia.
En las cavernas auditivas, anida una intuición; que agita la conciencia, hurgando la memoria. Vuelve a soplar levemente las cuerdas de los más remotos bocetos de vida
y la melodía que se escucha reclama ser enterrada en el olvido en pos de facturas enfiladas a la vanidad (“que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”)
Bucle, espiral, resorte, caracol y hélice; es la acción hospedando fresas en cañadas de ilusiones hacia realidades mas honradas.
Atraviesa, ciclos, una nórdica voz que arrulla una respiración serena y etérea.
Aura de nubes pasajeras anidan un augurio de huracanes que limpian el continente de un rostro carbonizado por los azotes de las llamas de la vida.
Se abre la piel para amparar y ampararse dosificando humanidad como arena entre piedritas…
Si letras que accionan es lo que escucho de sus ojos cuando miro sus manos
desnudas de egoísmo extendidas…extendidas…aún más.
Hacen vibrar mis cuerdas vocales en un grito de demanda subterránea que vence mis párpados en alud de impresiones y una caricia compasiva de quien arrima el hombro
al dolor del otro.
Si tan cierto es que es la voz de almas solidarias la que me ha devuelto, junto con la fe, un corazón sensible; no estaría en mí atarlo… ni sedarlo. Si me convoca a escuchar misericordia (porque existe en el lamento; en las bóvedas de hielo de los labios de voluntades solitarias); que me salte las culpas rematadas y me conduzca a ver más allá de mí.
Y después, tiernamente, abotone mis pasos al destino cicatrizado por las abejas laboriosas de sus manos.
No soy quien para amputar el sentimiento al diccionario ni esculpir en mis huesos
las tablas de maestros (esos, de los que sobran).
Que sea hurtada mi obra a mi presencia y las cuentas banderilladas en olvido (“que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”)
(...porque en esta terrenal y limitada existencia existen espíritus con luz propia...para ellos)
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