Tras las huellas de la tierra conmovida por el paso de las ruedas de carrozas de ilusiones (las de fuego y las de agua), se acomodan _como bloques en las manos de un pequeño de un añito_ realidades que alzan vuelo. Y un portazo de la vida en las narices, con el aire de un jilguero en la garganta.
Como cuando, desde el podio de las cuerdas de la entonación más alta de una canción esperanzada, hacen huelga los acordes y te quedas…y te quedas sin saber lo que te pasa.
Y es que a veces, la vida te envuelve con encanto saxofónico. Y, aunque a veces por irónica, se ensañe con quien menos lo merece…y te duela…o te deje con el cuerpo congelado y con el alma de rodillas sobre el suelo. Siempre hay duendes que te llevan la mirada hacia una estrella y te dicen de mil formas que guerrees.
Respiras hondo; bien profundo…hasta llenar los pulmones de él y sonreír con la boca, con los ojos, con el rostro, con la piel.
Wednesday, November 4, 2009
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